Jornada de “FIOleros”

FIOlero: dícese del aficionado incurable a la Aviación al que no le importa hacer frente al frío con tal de ver a sus aviones preferidos, los de la FIO.

¿A quién le puede extrañar que en febrero haga algo más que fresquito? Si en la exhibición del mes de diciembre comentábamos que disfrutamos de un tiempo bastante más cálido de lo que cabía esperar en esas fechas, hay que decir que en la de febrero la meteo respetó escrupulosamente el calendario. Tras una semana con bastantes lluvias -bienvenidas sean, por cierto-, el sábado amaneció mucho más despejado que los días anteriores, con algunas nubes medias pero sin precipitaciones y también con poco viento, por lo que la mañana se presentaba de lo más propicia para los entrenamientos. Una vez más los socios asistentes y sus acompañantes pudieron contemplar las evoluciones de nuestras aeronaves por la plataforma, los preparativos, los despegues y aterrizajes y alguna que otra sorpresa. Entre otras cosas se dieron el gustazo de ver de nuevo al diminuto Comper Swift en el aire, y también al Fairchild W-24, un avión precioso en busca de patrocinador con el que de momento no podemos contar en las exhibiciones, por lo que ésta fue una ocasión casi única para contemplarlo en vuelo. Estirando el cuello y aguzando la vista, porque se había ido muy alto para no estorbar el tráfico de Cuatro Vientos, se podía observar a la Pitts ensayando las acrobacias para el día siguiente. Para acabar, y como premio al puñado de asistentes que quisieron quedarse hasta el último momento,  el Mosca y el T-6 dieron una preciosa pasada de despedida antes de dar por finalizada la sesión. Todo listo para la primera exhibición de 2016.

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El Fairchild Modelo 24 tomando tierra en la pista 28 (foto Shery Shalchian)

La noche del sábado fue de lo más inclemente y cayó agua de lo lindo, pero tal y como indicaban las previsiones -oportunamente anunciadas por la FIO en redes sociales- el domingo amaneció relativamente despejado pero eso sí, con un viento gélido que prácticamente no bajó de los 20 nudos en toda la mañana y hubo ratos en los que aún fue más fuerte. Lo que salvaba hasta cierto punto la situación es que oscilaba entre rumbo 270 y 280, es decir, prácticamente alineado con la pista 28, lo que permitía no perder la esperanza de que buena parte de los aviones pudieran salir. La zona no asfaltada de Cuatro Vientos, y en particular nuestro corralito, había tragado tanta agua durante el diluvio nocturno que a primera hora estaba todo encharcado. Tanto es así que se hicieron cambios de última hora en la colocación de los aviones para que sólo los muy ligeros entrasen en el recinto. El Supersaeta, por ejemplo, se quedó en la plataforma porque, debido a su peso, podría haberse hundido más de la cuenta en la tierra y nos habría costado lo indecible sacarlo luego de ahí. Por otro lado el persistente viento hacía bastante poco habitable la carpa del taller infantil, por lo que procedimos a reforzar sus sujeciones  para evitar problemas y trasladamos la actividad al interior del parque de bolas, que no estaba en uso esa mañana.

Ese viento que tanto nos incomodaba tenía sin embargo un efecto positivo, y es que para cuando empezó a llegar el público buena parte de la humedad del suelo se había secado ya, por lo que se podía recorrer el corralito sin problema alguno. Convenientemente abrigados empezaron a llegar nuestros “FIOleros”, y fiel a la cita nuestro popular “speaker” Javier Permanyer realizó la visita guiada, muy bien acompañado por tan numeroso público.

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La visita guiada transcurre bajo un sol engañoso en cuanto a lo de calentar, pero muy agradecido para hacer fotos (ésta también es de Shery Shalchian)

Mientras tanto la organización comprobaba cada pocos minutos las previsiones meteorológicas, sobre todo en lo referente al viento. Si le daba por cruzarse estábamos perdidos. El Mosca, estrella indiscutible de todas las exhibiciones en las que participa, sólo admite 6 nudos de viento cruzado para operar con seguridad -en su día estos aparatos solían despegar desde campos de hierba, siempre orientados al viento viniera por donde viniera-, y los aviones más ligeros tampoco pueden soportar mucho más. Las dudas se mantuvieron hasta el mismo momento de la puesta en marcha, pero dado que el viento prometía mantener su rumbo todo apuntaba a que la mayoría podrían salir.

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La Dornier 27, con el motor ya en marcha, ante la atenta mirada de Fidel, uno de nuestros mecánicos. (foto Shery Shalchian)

Es la hora, empiezan a arrancar los motores. Los mecánicos se llevan hacia la pista de hierba a los aviones que necesariamente deben despegar por ella -aquellos provistos de patín en lugar de rueda de cola-, pero ay, el viento sigue arreciando en intensidad. La decana de la colección, la De Havilland Moth, se bambolea por el camino al pegarle el viento de costado, por muy alineado que esté el señor Eolo con la pista no parece prudente que la Moth salga en estas condiciones. El planeador Swallow espera a que llegue la Dornier-27 para remorcarle pero antes de enganchar el cable el pequeño “Pepsicolo” ya se está moviendo por sí solo… ¡Hacia atrás! Otro que se va a tener que quedar en tierra.

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¿Qué, la llevamos o la traemos? (foto Fernando Yubero)

En el corralito comienzan a rodar las Bücker, pero también ellas se van a ir derechas al hangar. Al virar hay que sujetarlas por el plano que recibe el viento para que no se levante del suelo a pesar de que el piloto lo esté compensando ya con los alerones. Les sigue el Boeing Stearman, con el que tampoco se van a correr riesgos, y el British Eagle II. ¿Significa eso que nos vamos a quedar sin exhibición? ¡No, ni mucho menos! Hacia la pista se encamina la Formación “Charlie”, compuesta por la AISA I-115 y la De Havilland Chipmunk, la Formación “Eco” con el T-6., el Mosca y el Twin Beech -sólo se echa en falta a la Mentor, pero tranquilos, que su reparación va por muy buen camino-, y finalmente la Pitts Special, que deberá cerrar el evento con su tabla acrobática.

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El Twin Beech de camino a la cabecera de la pista 28 (foto Shery Shalchian)

Unos minutos más tarde llegan ya la I-115 gris y la amarilla Chipmunk y todas las cabezas se giran para seguir su paso. A pesar de lo que les pueda estar estorbando el viento mantienen un fantástico vuelo en formación en todo momento, sin apartarse la una de la otra ni siquiera en los virajes, prolongando la actuación con alguna pasada de más para compensar un poco al público por los que no habían podido despegar.

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La AISA I-115 y la De Havilland Chipmunk. (foto Fernando Yubero)

Apenas se retira la pareja hispano-canadiense entran en escena los de la “Eco”. El Twin Beech viene al frente, escoltado por el T-6 y el Mosca, uno en cada plano, como si estuvieran sujetos con alambres. El sonido de los Pratt&Whitney de los americanos y el M-25 del ruso pone el vello de punta.  Después de varias pasadas el Twin-Beech rompe la formación y se incorpora al circuito de aterrizaje, dejando solos al T-6 y al Mosca. Un rato antes de comenzar podía verse a sus respectivos pilotos, Quique Bueno y Carlos Valle, repasar el ejercicio a realizar junto a sus aviones. Ahora no son sus manos las que se cruzan en el aire, sino sus bellísimas máquinas.

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El North American T-6 y el Polikarpov I-16, plano con plano. (foto Fernando Yubero)

A continuación, cada uno de ellos por separado nos obsequia con una espectacular actuación. El T-6 hace varias figuras acrobáticas que acaban con un tonel ascendente precioso, mientras que el Mosca ejecuta una alucinante pasada a toda velocidad que seguramente termina de secar la humedad de la pista, acabando también él con un tonel que es puro lujo.

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Nuestro amigo Fernando lo captó así de bien. (foto Fernando Yubero)

Ya sólo queda la Pitts, con el incombustible Luis Cabré a los mandos. Por los altavoces comienza a sonar un vals y allá en las alturas el pequeño biplano rojo va enlazando una filigrana tras otra, seguido por el humo blanco que deja su recorrido impreso en el cielo durante unos breves segundos, antes de que el viento lo disperse. No es fácil mantenerse dentro de la “caja” metido dentro de esa corriente de veintitantos nudos que pugna por arrastrar la aeronave lejos del aeródromo, pero el que está sujetando la palanca no es precisamente un novato en estas lides. De nuevo, y por aquello de que vale más una imagen que mil palabras, contamos para ilustrarlo con otra foto de nuestro amigo Fernando, a quien no le tembló el pulso a pesar de que él mismo reconoce que estaba casi tiritando -igual le pasó a este cronista en el corralito mientras esperaba quietecito durante la media hora larga de arranque de motores, ¡qué frío!-.

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La Pitts viniéndose literalmente arriba. (foto Fernando Yubero)

Con la Pitts felizmente posada en tierra terminó esta mañana sólo apta para los más “FIOleros”. Os esperamos en marzo, seguramente con algo más de calorcito.

 

Texto: Darío Pozo Hernández

Fotografías: Shery Shalkian, Fernando Yubero

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